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¿Alguna vez fantaseaste con la idea de perder un avión a propósito y quedarte en un lugar donde “técnicamente” te ibas unos días?

Bueno, esa era yo el 17 de abril del 2013 cuando despedí a mi familia en Buenos Aires por un viaje de trabajo a Roma que supuestamente iba a durar una semana. Nadie entendía porque lloraba tanto, excepto yo. Estaba abandonando todo lo que conocía hasta ese momento y me iba rumbo a la mayor locura que había cometido hasta la fecha:

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Perder el vuelo de regreso, quedarme en una escala en Madrid y empezar mi nueva vida con 300 euros y sin ningún contacto.

Como si este panorama fuera poco, gracias a mi CERO experiencia como viajera, un mal cálculo me hizo pensar que iba a poder quedarme con mi equipaje durante la escala que tenía en Madrid. Primer gran error Natalia: Las valijas NO hacen escala con uno en los aeropuertos ¡Te las devuelven cuando llegas a destino!

Este pequeño dato tan obvio para muchos, fue algo completamente desconocido para mí a los 24 años en mi primer viaje fuera de Argentina.

Prego Signore, Io me quedo en Espagna. Destinatione finale, capiche? – Le dije al auxiliar de vuelo con mi pésimo italiano de ese entonces.

No, no Signorina. La maleta Roma- Buenos Aires. No Madrid- Me contestó el hombre dándome a entender de mil maneras que NO había forma de que yo llevara una maleta de 23 kg en cabina ni tampoco que la bajaran en una escala específicamente para mí.

El tiempo corría, quedaban muy pocas personas para embarcar, estaba temblando y sudando a la vez.

 ¿Quién me manda a mí a hacer esto? ¿Por qué no vuelvo a casa con mi gente, mis cosas y me evito todo esto que me genera más miedo que ganas? ¿Quién me espera en España? Nadie ahí sabe que existo y lo peor de todo es que ni siquiera tengo dinero para volver en caso que me arrepienta.

Signorina per favore, the door is closing– Escuché decir al hombre.

Mientras escribo esto me entra un escalofrío porque me acuerdo a la perfección de ese momento.

Abrí la maleta grande, me puse encima TODO lo que podía, agarré mis amuletos, le di un beso a mis cosas y entre lágrimas dejé mi equipaje abandonado en el aeropuerto.

Hoy en día es impensable hacer algo así por tantas medidas de seguridad que hay, pero en ese momento nadie me dijo nada. 

No tenía ni idea de lo que estaba haciendo, actuaba sólo por impulso. Literalmente estaba “EMPEZANDO DESDE CERO”

Cuando llegué a Madrid lo primero que hice fue llamar a mi papá para contarle mi decisión. Pensé que me iba a decir de todo, pero para sorpresa mía, con todo el valor que requiere decirle esto a un ser querido que se va lejos, me dijo:
 “Si esa es tu decisión, entonces no dejes ni una puerta sin tocar. Da lo mejor de vos y si acaso no encontrás una oportunidad entonces ahí sí plantéate regresar.
No te olvides que SIEMPRE HABRÁ TIEMPO PARA VOLVER”

Esas palabras se me quedaron grabadas a fuego. De repente me di cuenta de el peso de la decisión que había tomado y de el tremendo apoyo de mi familia que creía en mí en esas circunstancias.

Así que, este es el comienzo de esta historia que decidí empezar a escribir del otro lado del mundo contra todo pronóstico. 
No les voy a mentir, los comienzos pocas veces son un camino de rosas, y en mi caso me tocó hacer de todo.

Al principio me quedaba cada día en un sofá distinto de gente desconocida que conocía a través de la red de viajeros Couchsurfing, usaba las taquillas de una estación de tren para guardar mis “cosas de valor” que eran unos pocos euros y mi computadora. Me cambiaba de ropa y me maquillaba en el McDonald´s de en frente de la estación Atocha, juntaba tickets de Starbucks para canjearlos por los 30 minutos de wifi gratis que te daban en ese entonces y me pasaba el día en esa cafetería Googleando y contactando a gente desconocida ya sea para conseguir un trabajo, hacer amigos y lo más importante: conseguir un nuevo sofá donde dormir esa noche.

Los días pasaron y no me quedó más remedio que hacerme
“Auto-Coaching” y volverme una experta en resiliencia y superación.
Busqué, busqué y encontré.

Conseguí mis primeros trabajos, que como era de esperarse, tenían CERO glamour: Desde repartidora de folletos en la salida de los metros, a doble de cuerpo de una actriz muy conocida en sus escenas de desnudos, luego “Chica del Ring” en peleas de boxeo para tv, animadora al mejor estilo americano para una marca de Donuts, vendedora de camisetas en conciertos de Heavy Metal, traductora de inglés en conferencias eternas, ayudante de producción en películas, etc, etc.

En Buenos Aires trabajaba como actriz en películas independientes, tenía una obra de teatro en la Calle Corrientes, un programa de radio cada sábado y hacía trabajos como productora de videoclips y eventos.
Sin embargo en Madrid no me conocía nadie, así que tocaba ganarse las oportunidades.

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Han pasado 7 años ya de eso. Logré trabajar como actriz en series para España e Inglaterra, estudié en Londres, viajé mucho y sobre todo aprendí UN MONTÓN.

Siempre tuve mentalidad emprendedora a pesar de tener un corazón bohemio, por eso decidí seguir trabajando como productora mientras hacía castings de actriz. La vida de un actor es MUY INESTABLE y no me sentía nada cómoda con eso. Quería disfrutar del arte y no padecerlo, así que en el 2015 empecé mi negocio propio como productora independiente. Se me daba bien, trabajaba con muchas agencias, formaba equipos de trabajo, los dirigía y me dedicaba a reunirme con creativos de publicidad para ver de qué manera podía bajar a tierra las ideas increíbles que ellos tenían. Al final, era mi especialidad: producir cosas con los recursos que hubiera.

Hoy en día vivo en Madrid y divido mi tiempo entre dirigir y producir proyectos para los demás y también trabajar en mis propios proyectos. Éste que estás leyendo es uno de ellos. Ahora mismo PERMISO PARA TODO tiene forma de Blog, pero ¿Quién sabe en qué se puede convertir más adelante?

Tengo ganas y me sobra energía para seguir creando, conectando, viajando y arriesgando.

Gracias por llegar hasta el final de este relato, ojalá te haya servido para inspirarte y saber que SÍ SE PUEDE

Sea lo que sea que estés pensando, por más descabellado que sea, estoy segura que existe una o varias maneras de hacer que eso funcione.

Sólo hay que arremangarse, dedicarle tiempo y como dijo mi papá:

Tocar todas las puertas que hagan falta.
No olvides que 
“SIEMPRE HAY TIEMPO DE VOLVER”