Hábitos Saludables

Pros y Cons de darse todos los gustos

Pros y Cons de darse todos los gustos

¿Cuántas veces escuchamos la famosa frase “Cada tanto hay que darse un gustito”Al menos yo la escuché cientos de veces.
Sobre todo cada vez que intentaba ser disciplinada con mi rutina de hábitos saludables y me juntaba con amigos que me querían convencer de “hacer una excepción ese día” ¿Te ha pasado?

Después de tantos comentarios de este estilo, empecé a creer que quizá estaba siendo demasiado estricta conmigo y comencé a darme pequeños “premios” de tanto en tanto.  Por ejemplo, cuando quedaba con amigos para celebrar algo bueno y también para olvidar un día malo, cuando me iba de viaje a un lugar donde había muchas cosas ricas, cuando estaba estresada, cuando estaba feliz ….

En fin, la lista era larga: siempre había una buena excusa para “hacer una excepción” 

Con el paso de los meses me volví una disfrutona y a decir verdad, lo pasé bárbaro haciendo lo que me dio la gana pero al final del día tenía una voz interna que me decía “Todo bien, pero te estás pasando”

Entonces por las mañanas arrancaba la “Natalia Coach” y me hacía una lista de objetivos saludables que quería cumplir ese día:

Ir al gimnasio, beber mucha agua, comer comida casera, desconectar de las pantallas después de X hora, meditar, hacer yoga, cenar temprano y dormir como mínimo 8 hs. 

Ja, ja y ja. Para las 4 de la tarde me faltaba hacer casi el 70% de la lista.

El gimnasio se convertía en un par de abdominales en casa (con suerte), la comida casera terminaba siendo una ensalada preparada del supermercado, el agua se convertía en tazas de café, el móvil encendido todo el día, la hora de dormir pasaba a las 2 de la madrugada ¿Y la meditación?  Bien gracias, me quedaba dormida en los primeros 3 minutos porque lo dejaba como la última tarea del día.

 ¿Alguien se siente identificado con esto?

 Si acaso la respuesta es sí, ¿qué pesa más? ¿la rebeldía de hacer lo que te da la gana o la frustración de no cumplir con tu propia palabra?

En mi caso, los primeros meses se sintió genial pero luego me empezaron a pesar las promesas que no me cumplía.

A la perdida de autoconfianza, tuve que añadirle ojeras, kilos que disimuladamente me agregué, falta de fuerza en el cuerpo, stress, ansiedad, cansancio, etc, etc. En resumen: No me compensaba. 

Así que, he aquí cuando de un día para el otro me vi encerrada en casa como todos y me reuní conmigo misma como si estuviera reuniéndome con un cliente. Hice un inventario de cosas que no me hacían sentir bien del todo y dije – Ok, estamos encerrados hasta nuevo aviso por lo que tengo dos opciones:

¿Me sigo permitiendo todo y me excuso con la cuarentena o me tomo esto como una oportunidad de centrarme en mí de una vez por todas y averiguo cuáles son las cosas que me hacen bien?

La respuesta estaba clara, ya había probado hacer lo que me diera la gana sin importar las consecuencias, ahora iba a aprender a decir que NO a las cosas que hacía en piloto automático y a forzarme a decir que SI a otras que me daban una pereza increíble. 

Y al final, tampoco fue para tanto. Es como cuando no quieres meterte al agua porque está fría que acalambra pero una vez te metes y pasas un rato nadando te acostumbras y lo terminas disfrutando.

 

Se acabó lo que se daba amigos ¡Por fin pude cumplir esa bendita lista de hábitos saludables!

Los resultados los vi a la primera semana: volví a sentirme genial con mi cuerpo, mi mente y mi energía. Descanso mucho, desconecto bastante de las pantallas, me alimento sólo cuando tengo hambre y no cuando estoy aburrida. ¿Y el vino? ¡Claro, que no falte! pero en su justa medida para poder disfrutarlo y no padecerlo al día siguiente.

Lo mejor de todo esto es que no siento que me esté “privando de vivir”,  al contrario, aprendí que puedo vivir y sentirme a gusto sin necesidad de añadirle “toppings” a mi día.

Conclusión: 
A veces pensamos que cuando nos damos un permitido nos estamos mimando pero si lo hacemos de manera rutinaria y/o descontrolada, se puede volver un arma de doble filo. Lo que antes te traía bienestar ahora puede generarte la sensación de “dejadez” y eso… está muy lejos de hacerte sentir bien.

Si te sentiste identificado con mi experiencia, te animo a que te lances a esta “piscina de agua helada” que no apetece nada pero que después se agradece el haberlo intentado. Siempre vamos a tener la oportunidad de “hacer excepciones” con los malos hábitos pero… 

¿Y si ésta vez la excepción la hacemos con nosotros mismos? 

Me despido muy motivada, espero que me dure 😉

¡Hasta la próxima!

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