Hábitos Saludables

Pros y Cons de darse todos los gustos

¿Cuántas veces escuchamos la frase «Cada tanto hay que darse un gustito»?

Al menos yo la escuché cientos de veces. Sobre todo cuando estaba muy disciplinada con mi rutina de hábitos saludables y me juntaba con personas que les parecía que me «estaba privando de vivir» por comer sano, tener mi rutina de ejercicios, irme a dormir temprano y no beber tanto alcohol.

Así que, pensando que quizá estaba siendo demasiado estricta conmigo, empecé a ceder y a darme pequeños «premios» de tanto en tanto. Por ejemplo cuando quedaba con amigos para celebrar algo bueno y también para olvidar un día malo, cuando me iba de viaje a un lugar donde había muchas cosas por probar, cuando estaba estresada, cuando estaba feliz ….

En fin, la lista era larga, siempre había una buena excusa para darme un «gustito» ya sea comiendo algo demasiado rico, tomando un vinito o faltando al gimnasio por estar «muy cansada».

Empecé a pensar ¿por qué me exijo tanto? debería de disfrutar más de la vida. Así que ¡me volví una disfrutona!
Y a decir verdad, lo pasé bárbaro haciendo lo que me dio la gana. Pero al final del día tenía una voz interna que me decía:
«Todo bien, pero te estás pasando»

Así que por las mañanas arrancaba la Natalia Coach que tengo dentro y me hacía una lista de objetivos saludables que quería cumplir en el día:

Salir a correr, desayunar con calma, beber mucha agua, comer comida casera y saludable, desconectar de las pantallas después de cierta hora, meditar, hacer yoga, cenar temprano y dormir mínimo 8 hs.

Ja, ja, ja. Para las 4 de la tarde me faltaba hacer casi el 70% de la lista y como no quería ser muy dura conmigo «la flexibilizaba»

El gimnasio se convertía en un par de abdominales en casa (con suerte), la comida casera terminaba siendo una ensalada preparada del super, el agua se convertía en café, el móvil encendido todo el día, la hora de dormir pasaba de las 11 p.m. a las 2 de la madrugada ¿Y la meditación? Bien gracias. Me quedaba dormida en los primeros 3 minutos porque lo dejaba como la última tarea del día.

¿Alguien se siente identificado con esto? Si acaso la respuesta es sí ¿qué pesa más? ¿la rebeldía de hacer lo que te de la gana o la frustración de no cumplir con tus propias promesas?

En mi caso, los primeros meses la rebeldía se sintió genial. Pero al final, me pesaba mucho las promesas no cumplidas. Me hacía ver que tenía palabra con todo el mundo menos conmigo. Y eso me molestaba. ¿En qué momento pasé de ser una disfrutona a reprocharme cada acto de buena fe que no cumplía?

La verdad es que ni siquiera ya disfrutaba los pequeños «gustitos» porque me había acostumbrado a ellos y ya no eran la novedad como antes. Así que a la perdida de confianza en mi palabra tuve que añadirle las ojeras, los kilos extra que me agregué, la falta de fuerza en el cuerpo por no entrenar, el stress, etc. En resumen: No me compensaba.

He aquí cuando de un día para el otro me vi encerrada en casa como todos y me reuní conmigo misma como si estuviera reuniendome con un cliente. Hice un inventario de las cosas que estaban desalineadas y que en ese momento no me hacían sentir bien del todo y me dije: Ok, estamos encerrados hasta nuevo aviso, así que tengo dos opciones:
¿Me sigo permitiendo todo y me refugio en la flojera? ¿O me tomo esto como una oportunidad de centrarme en mi de una vez por todas y averiguo cuáles son las cosas que realmente me hacen sentir bien?

La respuesta estaba clara. Ya había probado el hacer lo que me diera la gana sin importar las consecuencias. Ahora iba a aprender a decirme que NO en cosas que hacía en piloto automático y a forzarme a decir SI a otras que me daban una pereza increíble. Y para serte sincer, tampoco fue para tanto. Es como cuando no quieres meterte al agua porque está fría que acalambra, pero una vez te tiras y pasas un rato nadando te acostumbras y lo terminas disfrutando. Es más, te alegra haberte lanzado.

Así que, se acabó lo que se daba amigos. Por fin pude cumplir esa lista de hábitos saludables por varios días seguidos y los resultados no tardaron en llegar: volví a sentirme genial con mi cuerpo, mi mente y mi energía. Descanso mucho, desconecto bastante de las pantallas, me alimento sólo cuando tengo hambre y no cuando estoy aburrida. ¿Y el vino? ¡Claro! pero en su justa medida para poder disfrutarlo y no padecerlo al día siguiente.

Lo mejor de todo esto es que NO siento que me esté «privando de vivir». Al contrario, aprendí que puedo vivir y sentirme a gusto sin necesidad de añadirle toppings a mi día.

He puesto de título a este post «Darse todos los gustos no es igual a mimarse» porque esa es la conclusión a la que llegué después de haberme permitido mil cosas que pensaba que me iban a traer «satisfacción» y la verdad es que me sacaron bastante de mi eje. Todos esos pequeños «premios» proporcionados de manera descontrolada estaban haciendo exactamente lo opuesto a mimarme:
Me estaba descuidando.

Por último, quiero aclarar, que no estoy para nada en contra de tener un día de sofá, de las cosas ricas o de el maravilloso sonido de un vino cuando se destapa. Al contrario, creo que incluso hasta lo disfrutamos más cuando lo hacemos una vez de vez en cuando que si lo incorporamos como algo normal en nuestra rutina (al menos es lo que me sirve a mí).
Como siempre digo, cada persona es un mundo y yo en particular … soy bastante friki =)

Estoy convencida que nunca es tarde para arrancar aquello que en el fondo nuestro siempre hemos querido hacer o ser por muy difícil o lejano que parezca.

Me despido muy motivada, espero que me dure 😉

¡Hasta la próxima!

 

 

 

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