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La verdad sobre viajar a Tailandia

By 5 mayo, 2018 No Comments

¿Habéis soñado con viajar a Tailandia y perderos por esas playas paradisíacas que vemos por Instagram?, ¿es realmente tan barato como dicen?, ¿la comida es tan espectacular?, ¿la gente realmente está sonriendo todo el día?
Hoy os voy a contar la verdad detrás de la leyenda. Lo que me hubiese gustado leer en las decenas de blogs que leí antes de viajar pero que por alguna razón NO se cuenta.
¿Empezamos?

A ver … para empezar os voy a dar un dato curioso para los amantes de los números y los que ponen el dinero como excusa para no explorar países asiáticos. He estado viajando 25 días no sólo por Tailandia, sino también por Singapur y por Malasia haciendo excursiones, comiendo en restaurantes, tomando todo tipo de transportes: avión, barco, lancha, bus, Ubber, tuc tucs. Hemos dormido en lugares preciosos cuando nos apetecía: casitas en arboles frente al mar, hotel con piscina infinita en Bangkok y como no los imperdibles “hostels” (que merecen un capítulo aparte tanto para lo bueno como para lo malo). Todo esto que os acabo de nombrar me ha costado: 1600 euros.
Y sí, el vuelo desde Madrid hasta Bangkok con Emirates está incluido en este precio. ¿Caro?, ¿barato? … cada uno sabrá lo que se ajusta a su bolsillo, pero en mi caso yo creo que por todo lo que he hecho y recorrido no está nada mal.

Os voy a derribar un par de falsas creencias sobre Tailandia aunque con esto pueda ganarme un par de enemigos:

Alojamiento:
El que diga que puedes dormir por 8 euros en un bungalow frente a la playa, miente. Después de buscar y comparar con otros viajeros he llegado a la conclusión que los alojamientos como baratos pueden empezar desde 20 euros y llegar hasta donde quieras. En nuestro caso nos alojamos en unas cabañas preciosas en las islas Phi Phi que costaron unos 90 euros la noche, claro que como éramos cuatro chicas nos terminaba saliendo a buen precio. Así que amigos míos, a menos que queráis dormir con los monos en los árboles:

Olvidaros del alojamiento super low cost, que no os cuenten milongas.

La famosa playa de Leo Di Caprio “Maya Bay”:
Vale, seamos sinceros, hay gente que va hasta allí sólo para conocerla y sacarse la típica foto de postureo.
¿Mi opinión? Fue el lugar que menos me impactó. Está tan explotada que ha perdido su encanto. Y con esto no estoy diciendo que no sea preciosa, pero simplemente al llenarla de barcos y de gente con móviles y cámaras, creo que se pierde la sensación de que estás en una isla en medio de la nada y te sientes mas en un parque temático.
Para los que tengáis la fantasía de pasar el día en esta playa ¡olvidarlo!, sólo se llega allí con excursiones que suelen durar unas cuatro horas y donde se visitan varias playas (60 euros aproximadamente el barco). ¡Ah! Se me olvidaba, además de pagar la excursión, cuando llegas a Maya Bay tienes que pagar una tasa turística de unos 400 bath. Pero no os quiero desalentar, yo lo hice y no me arrepiento, aunque mi consejo es que paséis mas tiempo en otros rincones de Ko Phi Phi Lee como por ejemplo Pileh Lagoon (un auténtico paraíso de aguas exageradamente turquesa, ¡os vais a enamorar!)

Comida:
Ayyy! Podría hacer un post sólo de la comida de Tailandia. Por empezar antes de ir, todos los que ya habían viajado, me hablaron maravillas de la comida tailandesa por lo que fui con muchísima expectativa.
Es cierto que es alucinante todos los alimentos y las especias con las que cocinan, pero también es cierto que les gusta mucho, pero MUCHO ponerle picante ¡A TODO!, y si no eres muy fan del picante como yo, puede que lo pases mal.  Lo mejor que puedes hacer es adelantarte a la jugada y antes de pedir cualquier cosa recuerda decir estas tres palabras mágicas con mucho énfasis: «No spicy please»
(Y si quieres para asegurarte de que te hayan entendido bien, les puedes hacer la mímica de que te pica la lengua. Yo lo hacía y aunque se partían de risa de mi nos entendíamos)
Os recomiendo que probéis todo lo que vuestro estómago se anime. Hay desde auténticas maravillas con frutas hasta escorpiones que los venden como si fuesen piruletas.
Lo dicho: para gustos, los colores. Si eres un poco maniático como yo, siempre vas a poder alimentarte a base de frutas que las hay miles, y latas de atún compradas en el supermercado (cuándo averigües cuáles son claro, ya que está todo en tailandés)

“El país de la sonrisa”
¿Es cierto que los tailandeses están todo el tiempo sonriendo y son muy felices? Tengo opiniones encontradas al respecto y creo que una vez más me convenzo que no se puede meter a todo el mundo en la misma bolsa, ni para la bueno ni para lo malo.
A lo largo de todas las ciudades que recorrí allí me encontré con gente absolutamente hospitalaria que me ha hecho sentir hasta mejor que en casa, tratándome con un amor y una dedicación digna de admirar. Pero también me encontré con gente que por más que trabajen en turismo, estaban hartos de los turistas y no nos tenían mucha paciencia, nos querían cobrar el doble por las cosas y nos contestaban de mala manera. Lo que he hecho en este último caso fue no tomármelo como algo personal. Entiendo que estas personas trabajan largas horas y que tienen que aguantar a turistas que no respetan su cultura ni cuidan del entorno (no hay más que ver cómo quedan las playas llenas de basura después de las fiestas cada día).
Así que mi consejo es que vayáis con la cabeza bien abierta, y si sois curiosos como yo, intentéis empatizar con ellos queriendo saber más sobre su cultura y su idioma. Estoy segura que ese pequeño gesto trazará puentes entre vosotros. (Aún me río sola cuando me acuerdo de mis viajes en Ubber o en Tuc Tuc pidiéndoles a mis conductores que me enseñaran a hablar tailandés, uno de ellos hasta nos compró unas bolsas con frutas mientras nos esperaba fuera de un templo, cuando nos despedimos me pidió mi nombre porque quería ser mi amigo en Facebook . Sin duda habíamos hecho buenas migas)

Lugares que vale la pena visitar: TODOS
¿Por qué os recomiendo esto último?, para que no seáis turistas de manual.
Vais a ir a uno de los países más ricos en cultura y en naturaleza del mundo, por tanto cualquier lugar seguramente es digno de admirar y de pasar un par de horas o días allí.

Cuando empezamos a ver qué recorrido hacer parecía que había una ruta marcada: Bangkok – Chiang Mai – Islas Phi Phi – Phuket – Krabi y Ko Tao.

Menos mal no lo seguimos a raja tabla y nos dejamos improvisar un poco, sino nos hubiéramos perdido auténticas joyas. A lo mejor los lugares que me gustaron a mi, no son los mismos que os gustarían a vosotros porque cada uno sabe que es lo que le llama más la atención y que no. A mi particularmente la noche no me llama nada, por lo que cuatro días de fiesta en las Phi Phi fue más que suficiente, sin embargo se me hicieron cortos los días que pasé en Krabi perdida en medio de la naturaleza.

Así que amigos, os invito a dejaros llevar y a improvisar vuestra ruta.

Si hace tiempo tenéis ganas de recorrer algún lugar del sudeste asiático y si tenéis los recursos suficientes os animo a que os lancéis a la aventura porque seguramente sea una de las mejores experiencias de vuestras vidas.

En mi caso, no fui consciente del viaje que hice hasta que me vi en el metro de Madrid, volviendo del aeropuerto con mi mochila llena de arena. Más que haber viajado a otro continente, me quedé con la sensación de haber viajado a otra realidad donde la gente en vez de caminar con la cabeza baja mirando sus móviles, se reían, compartían lo poco o mucho que tenían. En vez estar sacándole fotos a la comida para subirla a Instagram, charlaban entre ellos, sentados en el suelo o en un banquito. No hacía falta tener zapatos de ninguna marca por que en la mayoría de los lugares estaban descalzos, tampoco veías a gente fumando o bebiendo (y los que veías eran turistas).

Me ha costado dos semanas adaptarme de nuevo a mi vida europea. Me di cuenta de todo lo que tenemos y de que aún así muchas veces estamos en piloto automático sin disfrutar de las cosas. Lo veía ese día en el metro, la gente con sus móviles, con auriculares,  sin hablarse entre ellos, serios, vestidos con la mejor ropa, la mejor tecnología.
Y yo me pregunto ¿esto nos hace felices?

No quiero hacer apología de algo que no soy. A mí también me gusta vestir bien y usar redes sociales
pero estoy empezando a tomar conciencia de por qué y para qué utilizo cada cosa.

Empecé este post preguntando si 1600 euros os parecía caro por pasar 25 días recorriendo parte del sudeste asiático. ¿La verdad? Es que no podría ponerle precio a todo lo que he vivido.

En lo que duró mi viaje en metro desde el aeropuerto a casa pude comprender que lo más bonito no fueron las playas paradisíacas, ni los hoteles, ni la comida deliciosa, ni las noche de fiesta… lo más  maravilloso de este viaje han sido los recuerdos que me traje en mi mochila que me han enseñado que no son palabrerías las cosas que oímos de otras culturas más humildes. Se puede pensar con más claridad siendo menos consumistas y también se puede ser muy pero muy feliz con muy poco. De hecho… yo me lo he pasado en grande.

¿Qué dices? ¿Nos vemos en Asia?

¡Hasta el próximo post!

 

 

 

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