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¿Te atreves a una cita… a solas?

By 21 abril, 2018 2 Comments

¡Sábado!

¿Planes? ¿No? ¿por qué? No me digas que es porque no tienes con quién…

Hace unos meses que quiero escribir este post en el que me ha inspirado por completo una frase que le escuché decir a una conocida mía:

Me cansé de los “Si tuviera alguien iría» 

La historia de esta chica es muy inspiradora y a la vez desafiante. Nos conocimos las dos estando en pareja, llevábamos muchos años haciendo planes de a dos y a mis ojos los veía como una pareja muy feliz.

Peeero… ya sabéis que cada pareja es un mundo y un total misterio de las puertas de casa hacia adentro.

Pasaron los meses, yo me separé y empecé a obligarme a salir para hacer los planes que siempre me gustaron pero que los había dejado de hacer por no tener con quien. (Es muy común hoy en día cuando uno se separa empieza a quedar con gente porque sí, por el simple hecho de evitar estar sólo y tener tiempo para recordar).

En mi caso soy bastante particular, AMO el cine, para mi ir es como un ritual, por tanto es algo sagrado y soy muy selecta con quien lo comparto, asi que no me apetecía ir con cualquier chico que acababa de conocer. Tampoco quedar por quedar, ¿qué sentido tenía?

Entonces, ¿cuál era la opción B? El claro ejemplo de la zona de confort: Netflix en casa después de trabajar, trabajar y trabajar.

Todo bien con Netflix pero mi opinión es que nos está poniéndo las cosas muy fáciles y a la vez muy difíciles.

Fácil es quedarse en casa sin necesidad de exponerse a hacer algo que nos incomoda de primeras, pero que como todo riesgo podría tener una gran recompensa. Difícil es darle una oportunidad a lo nuevo cuando todo nuestro entorno nos invita a no salir de lo conocido.

Estoy convencida de que nada increíble va a salir si juego de local, asi que decidí empezar a jugar de visitante. Me hice una lista de todas las cosas que quería hacer en el corto plazo sin importar si las iba a hacer sola o acompañada. He aquí un pequeño trocito:

Correr carreras -Apuntarme a un curso de oratoria en inglés –
Conocer nuevas salas de jazz- Viajar a algún sitio nuevo – Ir por primera vez a la Opera – Ver mucho cine y teatro – Probar cafeterías bonitas – Y un largo etcétera.

Una de esas noches de citas conmigo misma, me encontré en el hall de un teatro con esta amiga, quién casualmente estaba pasando por mi misma situación y no quería dejar de hacer las cosas que le gustaban.

Me contó que dejó de pensar en el qué dirían los demás y empezó a pensar sólo por ella.  Si un día le apetecía tomarse un vino en un sitio bonito, iba y lo hacía.

Un día mientras se tomaba un vino en un bar pintoresco de Madrid se dio cuenta que un hombre la miraba desde la barra. Llevaba unos 45 minutos allí por lo que el hombre dedujo que no estaba esperando a nadie y se acercó. Le soltó un comentario con poca gracia y enseguida movió la silla para sentarse en ella. Mi amiga, que tiene una personalidad para aplaudir, le dijo que esa silla no estaba libre. A lo que el hombre un poco ofendido contestó: “Pero si llevo viéndote casi una hora, está claro que no esperas a nadie”… Y ahí viene mi parte preferida de la historia:

“Es verdad, no espero a nadie. Pero el que esté aquí sentada sola no habilita que cualquier persona de este bar piense que estoy disponible. Esta silla está reservada porque quiero disfrutar de esta copa de vino antes de irme a casa. Me siento muy halagada pero gracias”

¡BOOM! ¡Ole por ella! … esa chica sí que sabía lo que quería y lo que no.

Cuando me contó esta anécdota me sentí muy reflejada con cosas que me pasan a mí. Cuando viajo sola una de las cosas que más me llama la atención es el comentario de “¿Qué hace una chica como tú viajando sola?”, a lo que yo pienso por dentro ¿qué significa una chica como yo?, ¿qué hay de malo en querer experimentar momentos de tu vida por tu cuenta?, ¿por qué la gente se cree con derecho de preguntar o pensar que has hecho algo mal para no tener a alguien con quien compartir?

Estamos viviendo una época donde cada vez nos sumergimos más en la vida digital y nos alejamos más de la vida real. Llamarme loca pero me encanta llevarme un libro a una cafetería y pasar un domingo ahí sin importar que me miren como un bicho raro.

Seguramente tú, que estás leyendo esto, tienes tus propias inquietudes, cosas que siempre has querido hacer o que las disfrutas muchísimo pero no lo haces a menudo porque da un poco de pereza y vergüenza arrancar solo.

Este post tiene el objetivo de animaros… ¡Animaros pero con ganas! Basta de esperar que todos los semáforos estén en verde para arrancar, o que haga buen tiempo para salir a correr o que nos llame un amigo para salir.
Hoy es hoy, y si estás acompañado por ti mismo es genial también.

Te animo a que salgas ahí fuera, dáte un homenaje en ese restaurante tan bonito por el que pasas siempre y dices que ya vendrás con alguien, o ve a ver esa peli que tanto te ha cautivado el tráiler. Apúntate en un curso de salsa, o a uno de esos tours gratis que ofrecen en tu ciudad. Sáca un billete a esa ciudad que siempre quisiste ir.

Quizá te sientas incómodo al principio, como si la gente te estuviese mirando y hablando de tí. Lo que me sirve a mi en esos casos es pensar que seguramente no vuelva a ver a esta gente nunca más en mi vida asi que… ¿qué más me da lo que piensen?

Disfruta de hacer las cosas que te gustan.

¡Que la vida es muy corta para andar esperando a alguien que te acompañe a vivirla!

Hasta el próximo post.

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