Inspiración

¿Para qué era que queríamos ser grandes?

By 9 abril, 2018 2 Comments

Hola de nuevo, ¿hace mucho que no nos leemos ¿verdad?

La verdad  es que hace bastante que tengo ganas de escribiros, pero quise esperar hasta que lo que pudiera escribir fuese DE VERDAD.

¿A qué me refiero con esto?

No quiero hacer apología de algo que no pienso o siento. Todo lo que os escribo siempre es porque realmente me ha pasado, lo he probado o estoy en ese proceso.

Este blog lleva el nombre y el concepto de las personas que se sienten bien consigo mismas sin importar condición física o edad, se aceptan, lo dan todo por lo que quieren, son espontáneos, auténticos y muy atrevidos.

Y eso casualmente sonaba muy lejano a mi estos meses.

Me he dado una buena hostia en mi vida personal que me hizo recalcular el recorrido como un GPS.

Me volví más cauta, 0% atrevida. ¿Cómo os iba a escribir consejos para serlo si la primera que debía recibir esos consejos era yo misma?

Pero como toda historia de anti-héroes, siempre hay un momento de click que lo cambia todo.            Y entonces el personaje que estaba perdiendo de repente aprende de todo eso y se hace más fuerte (incluso hasta a veces les ponen un disfraz espectacular como el del hombre araña o la mujer maravilla).

En mi caso decidí que no iba a usar ningún disfraz. Al contrario, quería salir al mundo siendo la versión más auténtica de mi misma. Y para eso recurrí a mi Natalia del pasado:  le pregunté cómo se imaginaba que iba a ser de grande, que quería hacer, cómo quería pensar, adónde querría ir, qué superpoderes iba a tener  y me prometí trabajar cada día en dirección a convertirme en la super woman que alguna vez idealicé.

Está claro que más de alguna vez vamos a tener que jugar el papel de “loosers”, porque existe el fracaso en la vida real, ése que cuando somos chicos ni se nos ocurre pensar porque no sabemos ni lo que es.

Creemos que lo podemos hacer todo, que somos increíblemente talentosos y que algún día nuestro YO del futuro va a cumplir todo lo que soñamos ser.

¿Me comprendéis ahora por qué recurro a una niña de 6 años para que me oriente cuando no tengo ni idea de qué hacer o dónde ir? Si os estoy contando esto que es vergonzosamente íntimo para mí, es con la esperanza de que a lo mejor, éste mismo ejercicio pueda servir a alguien más.

La verdad es que cuanto más viajo y más gente conozco más me doy cuenta que el estar perdidos o hacer cosas sin saber por qué las hacemos es uno de los virus de moda que se propaga cada vez más sin entender de fronteras. Curioso, ¿verdad?

Asique… te propongo algo que puede ser extremadamente intimidante:

Ve de paseo con tu pequeño yo de 6 años, haced cosas que os gusten a los dos.  Mientras tanto llénalo de preguntas, te sorprenderás lo ocurrentes que son los niños, en particular el tuyo. Pásatelo en grande con él, no te pierdas cada regalo que te hace. Los detalles son claves, apúntatelos todos.

Ahora hazle una promesa, hay algo mágico en prometerle algo a alguien que queremos mucho (y en este caso deduzco que cuando tengas a tu pequeño yo delante te vas a morir de ternura y amor).

Sorprendentemente es más fácil romper una promesa a nosotros mismos  que una que le hayamos hecho a alguien a quien no queremos defraudar.

Entonces míralo a los ojos, tómate tu tiempo y hazle la promesa que tú quieras. Pero si la haces, que sea de verdad.

Dile que lo vas a tener que dejar ahí, en el pasado y que vas a viajar al futuro pero que nunca te vas a olvidar de esa tarde que pasaron juntos, que vas a trabajar sin descanso para poder cumplirle eso que le has prometido y que algún día él o ella van a estar orgullosos de su ídolo.

Ahora dale un abrazo bien fuerte, pídele que nunca deje de soñar ni permita que nada ni nadie lo derrumbe. Que crea en él y que TÚ ya te encargarás del resto.

Éste es un ejercicio extremadamente inspirador que aprendí con un maestro de teatro el cual admiro mucho. Lo puedes hacer cuantas veces necesites cada vez que te sientas perdido, aunque te aseguro que si lo haces con toda tu imaginación y a corazón abierto, no vas a necesitar volver a menudo a visitar a tu niño porque te marcará tanto que va a ser difícil de olvidar esa carita, esos ojos, esas historias que te ha contado.

Y ahora que hemos vuelto al mundo real te invito a seguir en esta vorágine en la cual estamos sumergidos pero esta vez con muchos puntos de ventaja:

Tenemos una pista muy grande de qué era lo que salimos a buscar aquél día que zarpamos  con nuestro barco un par de años atrás.

 

Me despido capitanes, buen viaje. Hasta el próximo post.

 

@natalia.maure

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