AtreverseInspiración

El truco de los cinco segundos

By 27 abril, 2018 4 Comments

¿Y si sólo estuviéramos a cinco segundos de conseguir cualquier cosa que nos propusiéramos?
Hoy vamos a empezar algo un viernes en vez de un lunes, porque somos así, porque nos gusta ir al revés de todo, ¿os apuntáis?

Advertencia: quien se someta a este experimento debe de atenerse a las consecuencias de alcanzar todo lo que se proponga y tener que tirar las excusas a la basura. No sé cómo estarán las vuestras pero las mias las revisé el otro día y encontré que habían caducado ¡HACE AÑOS!

Así que… al igual que no me gusta comer comida podrida, he decidido dejar de comer excusas con moho, ¿y tú?
Si sólo la idea te da tanto asco como a mí, sigue leyendo este post porque traigo una solución. ¡Vamos a ello!

El otro día llegué a una conferencia de casualidad gracias a la reproducción automática de Youtube. Se trata de la teoría de los 5 segundos.

Básicamente consiste en que cualquier idea o cosa que quieras hacer si la piensas más de cinco segundos es muy pero MUY probable que no la ejecutes.  ¿Te suena?

Por ejemplo: la noche anterior te acostaste pensando que a partir de mañana te ibas a levantar media hora antes para salir a correr. La mañana siguiente suena el despertador tal cual lo has programado pero en vez de levantarte de un salto de la cama, te lo piensas… y es sorprendente la rapidez con la que podemos llegar a inventarnos “defensas” como si fuésemos auténticos abogados estrella defendiéndonos de nosotros mismos o mejor dicho de nuestra mejor versión.
Entonces el abogado gana. Es realmente muy bueno y muy persuasivo, así que, el juez determina que el caso se cierra apagando el despertador y durmiendo esa media hora más porque estábamos muy cansados.

Lamentablemente ese pequeño gesto, esa media hora, esa decisión que tomamos al comienzo del día nos persigue a lo largo del día, de la semana, del mes y de los años hasta convertirnos en una imbatible fábrica de excusas.

No os quiero preocupar, pero esto es realmente grave. El diagnóstico dice que la máquina no nos va a dejar en paz y se irá haciendo cada vez más grande, más eficiente y ocurrente, capaz de rebatirnos cualquier iniciativa que esté fuera de la zona de confort.

La buena noticia es que creo que este método puede funcionar como nuestro propio antídoto.
Os advierto que tampoco es tan sencillo… se necesitan grandes dosis de valentía y ganas pero los resultados son 100% efectivos, ¿empezamos?

Imagina que eres un cohete. No el astronauta que va dentro, sino el propio cohete. Estas lleno de combustible, estás en posición para despegar, tienes a toda la NASA pendiente de ti, de tu despegue.
Al mismo tiempo debes imaginar algo que quieras hacer YA, hoy. Desde salir a correr, como invitar a salir a alguien, comprarte algo que te gusta, apuntarte a un curso, dejar a alguien … ¡lo que sea! Lo importante es que sea algo que llevas tiempo dándole vueltas pero no te decides.
Vale, ya tienes la idea. Ahora ponla dentro del cohete. Añádela como una cápsula que en algún momento vas a tener que soltar en el espacio.

Y ahora sí, empieza la cuenta regresiva pero en vez de contar desde 10 contamos desde 5.
¿Por qué desde cinco? Porque está comprobado que cinco segundos son los que necesita el cerebro para boicotear cualquier idea que tengas que te haga salir fuera de tu zona de confort.

Cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¡HAZLO! Has despegado, no hay manera de abortar la misión. No te queda otra que ir a por lo que querías. Hazlo por tí, por la increíble sensación que da reírse de tus propios miedos, por la ligereza que se siente al tirar la máquina de excusas.
Hazlo y te prometo que es muy difícil que te arrepientas, porque incluso si sale mal… te vas a colgar esta medalla por haberlo intentado y  seguramente para la próxima ya no te sea tan difícil, ni la siguiente… hasta que llegue un día en que estés tan suelto que cuando mires hacia atrás no vas a poder creer cómo es que has tardado tanto en dar el salto. O en este caso en “lanzarte”.

Os pongo un caso práctico en primera persona donde funcionó la teoría de los 5 segundos.
Desde 2014 quería apuntarme a un club de oratoria en inglés. Fui un par de veces como oyente y me fascinaba ver a personas normales hablando como auténticos conferenciantes profesionales contando historias inspiradoras y haciendo reír al público… me parecía todo tan natural que hasta daba la sensación que era algo fácil de hacer:

Sólo había que pararse delante de unas sesenta personas y un jurado que iba a estar evaluándote el tiempo, la gramática, la persuasión, la estructura y a la vez si eras capaz de mantener entretenido a tu público o no. Vale, viéndolo así ya no parece tan sencillo ¿verdad?

¿Qué hice en el 2014? Fui a un par de encuentros, admiré a esas personas por estar haciendo lo que yo quería hacer  y desistí. Dejé de ir. Ni siquiera lo intenté una vez.
Cuatro años estuve diciéndome a mi misma que quería volver al Club de oradores para apuntarme y empezar a probar. Cri cri … Siempre había una excusa buena para no ir, ¡hasta este mes!

Cambié mi plan de cañas con mis amigos por ir al evento. Había muchísima gente, la mayoría se conocían entre ellos… yo sólo reconocí a una chica que se acordaba de mí de aquella vez. A lo que me dijo: ¡Has vuelto!, ¿Esta vez sí te vas a animar?
Esa frase resonó en mi cabeza toda la tarde. Sentí que había sido una cobarde y que había dejado aparcadas mis ganas como quien tiene una bici preciosa en el garaje pero no la usa porque no saber andar.

Antes de que terminara el encuentro, el anfitrión del evento dijo:

“Y ahora… vamos a dar lugar a la improvisación. Necesitamos tres valientes que se animen a pasar al frente, coger un papel de la urna la cual tendrá un tema para desarrollar en un speech que tendrán que improvisar en el momento y el jurado evaluará”

El corazón se me salía. Tenía tantas ganas de pasar pero a la vez tenía mil excusas muy buenas para no exponerme a eso, ¿qué necesidad tenía? … Sin embargo, a lo lejos en mi cabeza se escuchaba la voz de la chica que me saludó esa tarde: ¿Ahora sí te vas a animar?

Venga Naty… CINCO, CUATRO, TRES, DOS, UNO… ¡Aquí, yo! (había levantado la mano, ya no había marcha atrás)

Saqué un papel. “Conocimiento”, tenía que hablar sobre el conocimiento con un condicionante que me pusieron ellos: tenía que hacerlo en un tono repelente, como si me desagradara hablar del conocimiento. ¡Vaya contradicción, qué difícil! En fin, no tenía mucho tiempo, había que improvisar la gente esperaba.

Lo que pasó fue que nos lo pasamos genial. Terminé hablando de lo mucho que me desagradaba la gente que habla de ti sin conocerte y te da consejos que no les has pedido. Incluso lo llevé al terreno de las citas y les conté cómo los hombres me decían lo que yo necesitaba en mi vida ¡sin conocerme si quiera! La gente terminó riéndose muchísimo y yo… también. Ha sido un primer speech del que no me voy a olvidar nunca. ¡Adrenalina pura!

Claro que volveré al club, y seguiré practicando mis speechs, los cuales seguramente me darán pánico al principio pero me acercarán cada vez más a la conferenciante sin miedos que quiero llegar a ser.

¿Y tú? ¿Qué es eso que llevas tiempo dándole vueltas? ¿Lo tienes?
¡Pues te estás tardando!

Cinco, cuatro, tres, dos, uno…

¡Hasta el próximo post!

 

 

 

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